Una pantera negra quiere rugir en Liniers (Parte I)
Gran parte de la juventud argentina comparte un único sueño: triunfar en el fútbol mundial, pero ser un crack del balón pie no sólo es el anhelo de los chicos argentinos. Ibrahima Baldé, de 18 años, se vino desde tierras africanas para formar parte de las divisiones inferiores del Fortín y, apoyado en sus grandes condiciones, ya se ganó un lugar importante dentro del Selectivo de Vélez que entrena Marcelo Herrera. A poco menos de un año de la llegada del senegalés a Liniers, Cosas de Barrio tuvo la oportunidad de hablar con este simpático personaje.
Ibrahima, ¿cómo se dio tu llegada a Vélez?
Llegué gracias a un amigo de mi papá que estaba en Senegal y me vio jugar. Él es africano como yo pero vivía aquí en Argentina desde hace 7 años. Lo llaman “Seca” y ahora es mi tutor. Estando en Senegal un día me dijo “Ibrahima si querés te llevo a la Argentina”. Y yo le dije “no hay problema, me voy”. Y es así como llegué acá. Primero fui a probarme a Argentinos Juniors pero allá me dijeron que no había lugar. Entonces me volví a mi casa y comencé a entrenarme sólo en el Parque Sarmiento, para no perder el ritmo. Fue ahí que me vio un señor que se llamaba Víctor, que tenía relación con el presidente Álvaro Balestrini y me trajeron para aprovecharme en Vélez.
¿Qué características tenés como jugador?
Soy rápido y siempre estoy ahí en el área para meter el gol. Juego por todo el frente del arco, de media punta y de enganche también. También salto muy bien para cabecear. Pero me falta mucho porque todavía no llego a la primera, estoy en el selectivo y pienso que tengo que laburar, romperme el alma, y cuando todo vaya bien, voy a tener mi oportunidad. Creo que voy a tener chances porque tanto Compagnucci como Marcelo Herrera me están ayudando mucho, me dicen siempre lo que me falta, lo que tengo que hacer y eso me reconforta.
¿Tenés algún referente, alguien en el que te sentís reflejado?
Zlatan Ibrahimovic, el delantero del Inter. Me gusta mucho como juega, como para la pelota. Hace magia y hay muchas jugadas que él hace y que a mí me salen bien. Es un jugador que maneja las dos piernas como lo hago yo. Gracias a Dios soy bastante técnico. Ibrahimovic es mi ídolo y en el día de mañana quiero llegar a su nivel.
Este viaje lleno de ilusiones que emprendió Ibrahima hacia Liniers, significó dejar toda una vida llena de amigos y afectos en tierras africanas. El talentoso delantero de 18 años vivía junto a sus padres, Abdulaí Baldé y Sally Balo, y sus 4 hermanos (tres varones y una mujer) en la ciudad capital de Dakar, situada en la península de Cabo Verde, en la costa atlántica de África. “Allá estaba en la escuela y tenía que estudiar porque me quedaba un año para ir a la Universidad, pero yo no tenía muchas ganas, prefería jugar porque me decían que tenía condiciones para ganarme la vida con el fútbol”, cuenta Ibra.
A pesar de estar hace tiempo en Vélez, esta joven promesa africana aún no pudo jugar partidos oficiales, ni siquiera en divisiones inferiores, porque tuvo complicaciones de papeles, temas administrativos que impidieron hasta el día de hoy demostrar todo su potencial dentro del campo de juego. Sin embargo, el juvenil es optimista: “Ya no falta nada, ya está, creo que en unas semanas ya voy a poder estar para jugar.”
¿Cómo fueron tus primeros meses en Vélez?
Llegué a la Quinta con Carlos Compagnucci, un buen hombre que me trató muy bien al igual que Guido Thompson, el Preparador Físico, quien también me ha ayudado mucho. Llegué y no tenía papeles, tenía problemas con el idioma, con todo, no sabía como manejarme. No sabés cómo hablar para pedir la pelota, tampoco cómo se juega, cómo es la práctica de acá. Pero siempre cuando hacíamos fútbol y entrenábamos, yo estaba ahí adentro. Trabajaba a la par de los pibes y rendía bien. Hoy en día estoy jugando mejor y se puede decir que es gracias a Carlos Compagnucci porque él hizo mucho por mí. Continuará…
Agradecimientos al periódico “Cosas de Barrio” por la nota.
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